Stella's profileYO Y MI SILENCIO INTERIO...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    September 28

    AMOR POSIBLE..

    Había comenzado con el estudio metafísico y, día a día, descubría que esa relación era perfecta. La fecha, la hora y tantos datos que se conjugaban para dar el mejor augurio.

    Él no decía nada, pero se mostraba totalmente incrédulo. Cada afirmación que ella hacía con respecto a la perfección de la relación que mantenían era causa de una sonrisa irónica de parte de él.

    Ella se fue. Lo planteó de forma liviana, para saber qué decía él. Para despertarlo del enfriamiento en que había caído. Como esperando la reconciliación luego de cada discusión.  Pero no. No la hubo. Todo se dio como inevitable.

    Así como se habían conocido y comenzado, no creyó que fuera posible un final tan triste y racional. Todo había sido tan rápido, una relación de fuego que como un incendio fue sofocada en cuestión de minutos.

    Mientras acomodaba sus cosas, él explicó que no era lo que quería, pero si era lo mejor para ella que lo hiciera. Que en realidad era imposible un futuro juntos. Eran demasiado diferentes. Cada uno estaba arraigado a sus creencias. Estaban muy lejos el uno del otro y ello comenzaría a notarse con el correr del tiempo.  Una sola cosa quedó pendiente de ser dicha. La más importante quizá. Y eso fue, posiblemente, lo que hizo trizas aquello tan perfecto que inevitablemente reconstruirían años después llorando por el tiempo perdido:  “Al destino siempre podemos modificarlo, pero siempre es el destino”.

    September 11

    DE TELEPATÍA....

    Caminó hasta el límite del campo. Los árboles ya no le rodeaban, pero encontró el río que le refrescó la garganta y le sació la sed.

    Estaba solo. Pero sentía que Amanda, de alguna forma extraña, seguía con él.

    Hacía tres largos días que no lograba comunicarse con ella. No conocía a nadie que pudiera darle noticias. Ella se había ido sola. Y en ninguna de sus conversaciones le hizo saber que pudiera estar acompañada o que hubiera encontrado a alguien conocido. Se arrepentía, ahora, de no haberla acompañado en el viaje. No podía entender cómo ella, sabiendo que él se preocuparía, no dejó ningún mensaje. Volvió semicorriendo para ver si en éstos minutos que se había ausentado, ella habría tratado de comunicarse con él. Dos quilómetros de distancia lo separaban del casco. Mientras se esforzaba por correr más rápido, más lentamente le parecía ir. Paró en el claro. Sabía que solo le faltaba recorrer unos cuatrocientos metros, pero la fuerza ya no le daba. Se tiró boca arriba para ver correr las pocas nubes que cruzaban el cielo.

    Respiró profundo, tanto como le dieron los pulmones, y  más calmado, recordó que ella había dicho que no se comunicaría más que por telepatía. Él creyó que había sido un chiste. Habían jugado tanto tiempo a los mensajes telepáticos, y él, había sabido adivinar bien lo que ella le decía a través de éstos, pero nunca creyó que se lo tomara en serio.

    Cerró los ojos. La vio caminando por aquella ciudad tan conocida. Las calles de adoquines, una cafetería en la que alguna vez habían entrado a pedir un vaso de agua porque la sed los mataba y el dueño los echó sin humanidad. Por allí podría andar ella en ese momento, pero de golpe la sintió tan lejana que quiso no haber intentado nunca lograr comunicarse.

    Se levantó despacio, y lentamente caminó los metros que lo separaban de la mesa en la que había dejado el sobre cerrado.