Stella's profileYO Y MI SILENCIO INTERIO...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    May 30

    DESDOBLAMIENTOS...

    Me vi caminando bajo una llovizna densa, de esas que dejan la ropa perlada. Estaba vestida de forma diferente. Más parecía una dama antigua que yo misma. De pronto también me di cuenta de que no estaba en la misma época. Carros tirados por caballos pasaban a mi alrededor. No sabía dónde estaba, qué hacía allí, ni hacia dónde iba. Mi voluntad estaba detenida, parecía seguir los pasos de esa mujer que caminaba rápido en la que sólo me reconocía por sentirme en sus pies calzados con tacones, soportando un sombrero que, con sus ganchos, tironeaban mi pelo haciéndome sentir dolor.

    De pronto mis pasos se detuvieron frente a una puerta. Mis nudillos golpearon y me pregunté qué habría en ese lugar.

    Un hombre abrió la puerta sonriendo y me tomó en sus brazos a la vez que me decía que hiciera silencio. Ingresamos en una habitación que  era el dormitorio principal de la casa, por lo que se podía ver, cerró la puerta detrás nuestro. Ella, o yo, lentamente comenzó a quitarse las prendas, sin nada de vergüenza y sólo al recordarlo me ruborizo. Él miraba ese regalo de alguien que, por la actitud, ya bien conocía.

    Yo, la que me ruborizo, comencé a preguntarme qué haría esa mujer que decididamente no era yo, en esa época, actuando como alguien sin escrúpulos. Podría ser una prostituta, pero no era lo que parecía por su forma de vestir elegante y sus modales. Tendría que averiguarlo porque no sabía cuánto tiempo debía estar dentro de ella sin poder actuar. En esos momentos se me cruzaron muchas cosas por la mente, pero ninguna que fuera efectiva. Todo lo que intentaba parecía no dar resultado.

    Quería moverme pero se movía ella. Sentía como que si mi cuerpo fuera utilizado por una fuerza extraña. Gocé del sexo, por única vez en mi vida, con un completo extraño. Sentí que si esa había sido yo, en algún momento de la historia, no había sentido la fuerza de la modernización en la que las mujeres perdieron sus derechos a sentir y vivir el sexo.

    Caímos yo y ella, ella y yo, nosotras o una cualquiera de ellas, extenuadas, en un profundo sueño.

    Desperté con las manos adormecidas por haber dormido con la cabeza sobre ellas. Al fin había logrado el desdoblamiento. Estaba nuevamente en mi vida, con mis jeans raídos y mi blusa preferida.

    May 22

    OTOÑO NOCHE

    Escuché el grito, casi susurro. Miré a mi alrededor y no pude visualizar de dónde venía. Sentí mis manos arder, pero, al mirarlas, nada raro pude observar que me delatara. Juan caminaba unos pasos delante de mí, pero no pareció sorprenderse.
    El farol más cercano estaba parpadeando a punto de apagarse. Éramos los únicos que rompíamos el silencio de la noche con nuestros pasos apurados.
    Debía ser tarde, al menos las diez de la noche. No solíamos salir y volver tan tarde, con mi hermano. Siempre nos habían dicho que los integrantes de buena familia no debían deambular a esas horas por la ciudad desierta.
    Ésta vez, habíamos hecho una escepción y nos habíamos escabullido, luego de la cena por la entrada de servicio. La ocasión lo ameritaba.
    Caminamos muy rápido hacia el bar donde estaría aquel hombre que lograba milagros. Muchos habíamos llegado hasta allí, solo por curiosidad.
    Durante largos minutos, me mantuve lo más lejos posible pero atenta a cada movimiento hasta que, de pronto, él se dio vuelta y mirándome a los ojos pidió que lo ayudara. Juan tironeaba de mi vestido, tratando de no dejarme mover, sabiendo que a la mañana siguiente, mi presencia habría sido el comentario en toda la pequeña ciudad. Pese a ello, sentí que debía entregarme a lo que había sido llamada y en silencio, yo indicaba con mi índice,el lugar del cuerpo donde él debía poner atención para lograr lo deseado, que era, ni más ni menos que dar salud a quienes la habían perdido. 
     
     Esas fueron las últimas palabras escritas por ella, unas cuantas horas antes de ser ejecutada en la hoguera por la santa inquisisión. Hasta ese momento, había sido una católica intachable, una jóven de familia, que esperaba en poco tiempo conocer al hombre que le había sido asignado desde su nacimiento como futuro esposo. Escuché su grito como susurro, en el momento de su muerte, y, desde entonces quedó grabado en mi memoria para siempre....
    May 10

    YO ESTABA AHÍ, EN EL PRECISO INSTANTE, ESTUVE...

    Hoy es el día de mi muerte. Tengo noventa y ocho años. Nací un veintiuno de diciembre y también será la fecha de mi ida de éste mundo. Pero hace mucho que la espero. Podría decir que viví ochenta y tres años más de lo que debía. Cuando uno sabe que el amor de la vida no volverá, cuando lo vio morir y el reencuentro espera a otra vida... no es fácil llevar cada día.
    Aquella tarde lo corrí sin saber por qué. Cuando lo alcancé exhalaba su último aire. Dí media vuelta sobre mis pasos llorando por él, llorando por mí. En ese preciso instante también supe que tenía ochenta y tres años por delante para vivir de la mejor forma posible. Mi felicidad se había esfumado con esa última bocanada de aire. Es extraño, sólo lo había visto unas cuantas veces, habíamos cruzado algún saludo obligado en la calle.
    Me acostaré y moriré sin saberlo. Cuando el sol aparezca detrás del cerro, en éste solsticio, ya no estaré ahí para verlo.
    Hoy recuerdo aquel atardecer en el que nos sentamos en el mismo cerro al que llegué hoy, con mi hermana. Acababamos de reencontrarnos después de muchos años. Esa vez nos contamos todo lo que urge contar antes de la despedida, pues ese solsticio ella sería quien partiría. Las llagas encendidas en nuestros corazones no dieron tregua y sufrimos juntas esas horas antes de su partida. El dolor no era el de la despedida, el dolor era el de los desencuentros. Y tanto ella, que había vivido una vida dedicada a curar heridos, y yo, que había vivido una vida dedicada a comprender el futuro, ninguna de las dos pudo salvar a quienes marcaron nuestras vidas para siempre.
    Hoy moriré sin penas ni glorias. No habrá hijos ni nietos llorándome. No habrá un amor al que le deba una disculpa. No dejo cosas pendientes. Moriré con mi mejor sonrisa, como si él estuviera al otro lado esperándome.
    Supe predecir catástrofes y evitar muertes, pero no pude despertar a tiempo mis dones, para salvar aquella vida.
    El sol ya se despide de mí. El océano lo espera con sus olas mansas, ésta tarde. Yo me despido del sol y del océano, y de éste cerro que guardará mis escritos más secretos. Esos que encontraremos en el futuro y nos reconoceremos. Ése es el único fin que tiene escribirme éstas letras. Recordarme, en el futuro, en mis letras...