Stella's profileYO Y MI SILENCIO INTERIO...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    November 29

    COMO TANTAS VECES

    No se me hace fácil la elección de color para escribir, hoy.  Pero todo tiene su porqué.
    Y hoy es un día anaranjado y violeta, para mí. Seguramente verde para otros. Pero el
    arco iris tiene todos los colores integrados.
    Y mi vida se integra de retazos de todos los tamaños, color y texturas.  Así me siento
    cómoda.
    Y como tantas veces, repito demasiado. Pero Franca volvió a aparecer después de mucho
    tiempo. Ayer estuve leyendo nuevamente, y me siento tan identificada y en tantas cosas
    que no sé si me fui convirtiendo en ella, o ella se fue adueñando de mí. Y eso me da mucho
    miedo. Los personajes no se escriben para encarnarlos, se escriben para que los demás se
    los imaginen como quieran. Y, como tantas veces, voy a tener que dejar de pasar un tiempo
    antes de seguir con otras cosas. Me pregunto, si no será parte de un boicot que me hago a
    mi misma para no encarar de una vez por todas la historia de mis muertos. Todo tiene una
    explicación que a veces no es coherente con lo que pensamos y entonces la desechamos. Es
    mucho más fácil.
     
    Ahora le toca al violeta que no encuentro. Es la flecha. Una flecha. Direccionada hacia arriba,
    como diciendo "¡¡¡vamo arriba, carajo!!!"   Y que no es casual que lo diga hoy, cuando tengo
    tantas cosas pendientes para decir y hacer.  Es casi un empujón que necesito, y que decidí
    dármelo yo misma.
     
    November 26

    HAY COSAS QUE SÓLO SE DICEN FRENTE A FRENTE

    Me gustaría decir tanto.  Tantas cosas quedan siempre postergadas. Aunque
    ni siquiera seamos conscientes de ello en el momento.
    Construímos, destruímos, caminamos, descansamos y sin embargo no nos damos
    un tiempo razonable para ver cuáles son las cosas que debemos construír y
    cuales debemos tirar abajo.
    Sabemos que tenemos que caminar siempre mirando hacia adelante, pero cuando
    no tenemos claro qué hay delante . . ¿qué pasa?
    Me tomo un tiempo de reflexión, veo todo tan claro, como cuando me despierto
    con insomnio en plena madrugada. Todo aparece de una forma tan fácil de hacer
    y decir.  Pero cuando nos enfrentamos a la realidad, cruel, fria, nos damos 
    cuenta de que no es tan fácil, no tan blanco, no tan negro. . . hay un universo
    multicolor, miles de diferentes tonalidades que no hemos tomado en cuenta.
    Y nuevamente después de muchos años, me vuelvo a preguntar si soy ésta la que
    quiero ser. Es lo único en lo que puedo decidir de verdad.
    Y sé que sí, que quiero seguir siendo la que elegí hace tiempo. Con el caminar seguro
    como quien se lleva al mundo por delante.  Con mi ropa que se contradice consigo
    misma, y que cualquiera podría pensar que no presté atención al vestirme y no se
    imaginan que fue seleccionada con mucho cuidado. Al igual que la contradicción al
    momento de elegir perfume.  Si estoy demasiado formalmente vestida, seguramente
    la elección será pachouli, mientras que en otras situaciones prefiero el perfume
    francés.
    Pero por hoy, basta. . . es domingo 26 de noviembre. . .  y tengo otras cosas en las
    que pensar.
     
    November 11

    UN TEXTO DE SANTIAGO GAMBOA QUE ME HIZO LLORAR LA PRIMERA VEZ QUE LO LEÍ Y QUE AUN HOY LO LEO Y ME SIGUE MARAVILLANDO

    Mujeres
    Santiago Gamboa *

     


    Es el único tema en el que soy radical e intolerante. En el que no escucho razones: las mujeres
    de mi generación son las mejores. Y punto.

    Hoy tienen treinta y pico, cuarenta, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas, y sobre todo
    endiabladamente seductoras, a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitonea sus muslos
    y las hace tan humanas, tan reales. Hermosamente reales.

    Casi todas, hoy, están casadas o divorciadas, o divorciadas y vueltas a casar, con la idea de no equivocarse en el segundo
    intento, que a veces es un modo de acercarse al tercero, y al cuarto intento. Qué importa. Otras, aunque pocas, mantienen
    una pertinaz soltería y la protegen como una ciudad sitiada que, de cualquier modo, cada tanto abre sus puertas a algún
    visitante. ¡Qué bellas son, por Dios, las mujeres de mi generación!

    Nacidas bajo la era de Acuario, con el influjo de la música de los Beatles, de Bob Dylan, de Lou Reed, el mejor cine de Kubrick
     y el inicio del boom latinoamericano, son seres excepcionales. Herederas de la “revolución sexual” de la década del 60 y de
    las corrientes feministas que, sin embargo, recibieron pasadas por varios filtros, ellas supieron combinar libertad con
    coquetería, emancipación con pasión, reivindicación con seducción. Jamás vieron en el hombre a un enemigo, a pesar de que
    le cantaron unas cuantas verdades, pues emanciparse era algo más que poner al hombre a trapear el baño o a cambiar el rollo
    de papel higiénico. Decidieron pactar para vivir en pareja, esa forma de convivencia que tanto se critica pero que, con el tiempo,
    resulta ser la única posible, o la mejor al menos en este mundo y en esta vida.

    Son maravillosas y tienen estilo, aun cuando nos hacen sufrir, cuando nos engañan o nos dejan. Usaron faldas hindúes a los
    18 años, se adornaron con collares precolombinos, se cubrieron con suéteres de lana y perdieron su parecido con María,
    la virgen, en una noche loca de viernes o de sábado después de bailar “El ratón”, de Cheo Feliciano, en La Teja Corrida o
    en Quiebracanto, con algún amigo que les habló de Kafka, de Gurdjieff y del cine de Bergman.

    Al fondo de sus mochilas arahuacas había paquetes de Pielroja, libros de Simone de Beauvoir y casetes de Víctor Jara.
    Y al dejarnos, cuando no les quedaba más remedio que dejarnos, nos dedicaban esa canción de Héctor Lavoe que es a
    la vez un clásico del periodismo y del despecho, y que se llama “Tu amor es un periódico de ayer”. Se vistieron de luto
    por la muerte de Julio Cortázar, hablaron con pasión de política y quisieron cambiar el mundo; bebieron ron cubano y
    aprendieron de memoria las canciones de Silvio y de Pablo; conocieron los sitios arqueológicos de San Agustín y
    Tierradentro (en esa época se podía ir sin temor a la guerrilla, qué nostalgia), fueron con sus novios a las playas del
    parque Tayrona, durmiendo en carpa y dejándose picar por los mosquitos, porque adoraban la libertad, algo que hoy le
    inculcan a sus hijos, lo que nos hace prever tiempos mejores y, sobre todo, juraron amarnos para toda la vida, algo que
    sin duda hicieron y que hoy siguen haciendo en su hermosa y seductora madurez.

    Supieron ser, a pesar de su belleza, reinas bien educadas, poco caprichosas o egoístas. Diosas con sangre humana.
    El tipo de mujer que, cuando uno le abre la puerta del carro para que suba, entra y se inclina sobre la silla del conductor
    y le abre a uno desde adentro. La que recibe a las cuatro de la mañana a un amigo que sufre, aunque sea su ex novio,
    porque son maravillosas y tienen estilo, aun cuando nos hacen sufrir, cuando nos engañan o nos dejan, pues su sangre
    no es tan helada como para no escucharnos en esa necesaria y salvadora última noche en la que están dispuestas a
    servirnos el octavo whisky y a poner por sexta vez esa melodía de Santana.

    Por eso, para los que nacimos en la década del 60, el día de la mujer es en realidad todos los días del año, cada uno de
    los días con sus noches y sus amaneceres, que son más bellos, como dice el bolero, cuando estás tú. ¡Qué bellas son, por
    Dios, las mujeres de mi generación!



    November 09

    FABRIZIO

    No sé por qué . . . seguramente es porque de alguna forma te siento cerca. . . 
    Algo me hace sentir eso.
    Ayer tuve que abrir tu blog, bajar la foto de tus ojos y tenerlos ahí.
    ¿será que el dolor que vos sentiste es el que siento ahora?
    No los motivos . . . sólo el dolor, seco, sin explicaciones que dar ni pedir.
    Porque en un instante es posible que haya sentido lo mismo que vos en ese diciembre,
    y tengo la secreta esperanza de que no vuelva a repetirse.
     
    Y bueno, tú sabes por qué te escribo ésto aquí, de todas formas si fuera correo, no
    lo leerías.

    SOLO QUIERO VIVIR...

    Lo único que quiero es vivir . . .
    vivir en paz
    sin volver a estrellarme
    todos los días
    contra el piso.